jueves, 7 de julio de 2011

La erótica del papel


Ya han llegado a nuestras bibliotecas, esos templos de bibliofilia que sobreviven aún en medio de este mundo de identidades digitalizadas. Desde hace años no hay congreso de editores ni feria de tecnología que no le dedique atención, palabras y debates. Poco a poco, se ha posicionado como favorito de las listas de regalos estrella; se colará en las aulas y acabará por ser uno más en nuestras vidas. ¿Quién duda del futuro del e-book?


Quienes hablan del “futuro”, a veces, nos transmiten implícitamente la idea de “muerte”. Sí, parece cada vez más claro: el libro -el de papel, el de toda la vida- se ha convertido en un vejestorio que poco casa con nuestras actuales vidas digitales. Los libros son pesados, voluminosos, caducos, olientes… cualquiera diría que están vivos. El e-book viene a salvarnos de la pesadez del mamotreto de páginas, a aliviar la carga de la curvada estantería que ya no soporta ni un premio literario más.

Los defensores de la renovación editorial no dejan de recordarnos que el libro no es una realidad inmutable. La historia de los soportes de la escritura, de los modos de producción y consumo nos demuestra que está lejos de ser un objeto imperturbable. Los tecnófobos, a la contra, no reconocen a su amado libro en el nuevo formato. Pero, ¿qué es el libro? ¿el contenido o el objeto completo?

En cierta ocasión escuché decir a Saramago que la lectura de un libro electrónico le parecía una acción similar a hacer el amor sin estar acompañado. Le entendí perfectamente.
Una pantalla no registra la huella de la lágrima, ni el subrayado tembloroso de la frase que nos ha encogido, ni el rastro del paso del tiempo. El primer libro que tuve lo heredé de mi abuela. Se trataba de Las aventuras de Tom Sawyer. Cuando llegó a mis manos, su antigua dueña ya no habitaba este mundo; pero siempre que yo leía las palabras de Twain sabía que esas páginas guardaban el tacto de aquellas manos, el recuerdo de su mirada atenta, y eso convertía aquel tocho de papel y letras en todo un tesoro. El libro, como artefacto artístico, puede no ser sólo el contenido. También es ese lugar sentimental donde encontramos una visión de la vida, una percepción de lo que pudiera ser nuestra realidad.

No cabe duda alguna en que el formato e-book tiene muchas e interesantes ventajas, pero también carencias. Cada día usamos el móvil o Internet para comunicarnos, pero cuando se trata de dar una noticia importante nada puede sustituir al directo: mirar a los ojos a la persona, ver su reacción al instante, sentir el calor de su abrazo... son sensaciones que aún no tienen competidor digital que pueda igualar la oferta. Del mismo modo que la llegada de la televisión a nuestros hogares no liquidó la existencia de la radio, el futuro electrónico de la literatura no tiene por qué conllevar la extinción del papel encuadernado.

Más allá de eso, el material tradicional debe reinventarse, revalorizando su existencia y justificando su identidad en base a principios artísticos. En este sentido, en la última década las llamadas Editoriales Cartoneras crecen como tendencia dentro de un sector editorial alternativo. Pequeñas hormigas que no pueden ni intentan competir contra elefantes, pero cuyo trabajo puede ser la respuesta que esperamos los que nos resistimos a perder el papel de nuestras vidas.

Este fenómeno editorial, hasta ahora poco conocido en nuestras fronteras, nació en 2003 al otro lado del Atlántico con Eloísa Cartonera, en la ciudad de Buenos Aires, de la mano de Washington Cucurto y Javier Barilaro. Hispanoamérica fue testigo de la expansión de esta idea con factorías como Sarita Cartonera en Perú; Yerba Mala, Mandragora y Nicotina Cartonera en Bolivia; Animita Cartonera en Chile; Yiyi Jambo y Felicita Cartonera en Paraguay; Dulcineia Catadora en Brasil; La Propia Cartonera en Uruguay; La Ratona Cartonera en México; etc. Todas y cada una de ellas, con sus singularidades, se caracterizan por la calidad de los libros que publican, por los formatos artesanales y por el trabajo común y solidario. Los libros son creados siempre como objetos únicos, como una obra de arte personal.

En España, desde 2010 contamos con la sevillana Editorial Ultramarina Cartonera & Digital, una de las pioneras en nuestro país y en la conciliación de dos mundos en torno a la edición del libro: el artesanal y el digital. Este modelo editorial propone una alternativa de negocio que ofrece la flexibilidad de ambos géneros con todo lo que ello conlleva: diversidad de precios, personalización de cada ejemplar, contacto e interacción con otras ramas artísticas (vídeo creación, spots, documentales, talleres visuales), actuación en diversos países (traducción, producción, presentación y venta en países de otras lenguas). Es una editorial en la cual se involucran artistas plásticos, poetas, narradores, expertos en informática y diseño, creadores visuales, músicos. Para ellos, lo importante no es solamente hacer libros: hay que llevar estos objetos únicos a otros terrenos.

Es hora de avanzar, de explorar posibilidades. Si el e-book me permite tener miles de libros sobre la palma de mi mano concentrados en apenas unos gramos y centímetros, si me ofrece la posibilidad de aprender indagando en contenidos casi infinitos, de transportar en el bolso adonde vaya toda mi biblioteca... si puede darme tanto, no seré yo quién le dé la espalda. Pero exploremos en todas las direcciones. No perdamos el libro, el que aún está vivo, el que envejece con nosotros, ese que huele a lecturas concentradas en las librerías de viejo. Quizás mañana sólo los textos “elegidos” merecerán el honor de poseer un cuerpo de papel; tal vez tengan una apariencia única por la que se les valore como objeto artístico exclusivo; quizás sean piezas de coleccionista alejada de los bolsillos mundanos; acaso se reserven para los lectores más sibaritas, para aquellos que -pese a la tentación de las promesas infinitas- no pueden resistirse a la erótica del papel.

2 comentarios:

Rafael dijo...

Entiendo perfectamente lo que dices. Yo todavía miro a diario el buzón esperando encontrar una carta como aquellas que recibía hace años, pero nada. Al final todos los amigos utilizan el correo electrónico, con su inmediatez y estandarización.

No tengo libro electrónico, pero me temo que con el tiempo sucederá lo mismo. Convertirá el de papel en testimonial, apto sólo para románticos.

Carmen dijo...

Soy de las que se resiste al ebook. Supongo que tarde o temprano caerá pero cuanto más tarde mejor. Me ha gustado mucho, por cierto, la frase de Saramago Estupenda comparación! Yo también lo comprendo perfectamente...
Me encantó tu entrada, sabes?
Besos,

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