martes, 9 de abril de 2013

El reino de las Tres Lunas, de Fernando J. López


Los adultos y la buena literatura

Confieso, y lo hago con orgullo, que en ocasiones leo libros infantiles y juveniles. No soy de los que opinan que la literatura infantil o juvenil no existe o no tiene valor, que es poca cosa si la comparamos con la hecha para adultos. A veces, necesito esas lecturas cuando la rutina o el hastío me vencen. En ellas encuentro otra aura distinta a la que suele envolver a las páginas ordinarias. Quizá más ternura, más magia, quizá más posibilidades de libertad, más profundidad… sí, he dicho bien: más profundidad y hondura. Si no me creen pueden comprobarlo fácilmente: borren los prejuicios de su mente, libérense de sus esquemas de teorías literarias y tomen una de las obras clásicas que se han venido señalando en la Historia como clásicos infantiles. Alicia en el País de las Maravillas, Peter Pan, Viaje al centro de la Tierra, El Principito, Las crónicas de Narnia… cualquiera de ellas nos servirá. Elijan una y dedíquenle el tiempo necesario, sin prisa, degústenla. Puede que al final me acaben diciendo: “Es que esta obra no es para niños”. Y yo les contestaré: “No es ni para niños, ni para adultos, es simplemente buena literatura”. Les aseguro que en todas ellas he hallado frases cuyo sentido iba mucho más allá de una fantasía infantil.

En cierta ocasión afirmó Mario Vargas Llosa que escribir para niños y adolescentes era el oficio más difícil de un escritor. Estoy de acuerdo: escribir para esas singulares personas en construcción implica conectar con el niño o adolescente que una vez fuimos, e incluso exige no haber perdido del todo esa forma de sentir y ver el mundo. Solo así  el autor podrá ofrecerle a su precoz lector el material que este pueda sentir en plenitud como propio, sin que le resulte ajeno ni artificial. 

Como en todo género, habrá libros a los que no merezca la pena dedicar nuestro tiempo, pero los que valgan lo harán el doble: por una parte nos nutrirán como lectores adultos que somos y nos aportarán una dimensión distinta de la vida que quizá hayamos olvidado al crecer, por otra nos entretendrán conectando con el niño que un día se divertía sin grandes problemas.

Reseña de El reino de las Tres Lunas

Autor: Fernando J. López
Editorial Alfaguara Juvenil
2013
Para lectores desde 12 años
137 páginas










Hoy quiero hablaros del agradable viaje que ayer realicé de la mano de los personajes de Fernando J. López. El príncipe Malkiel y sus enigmáticas acompañantes de camino me llevaron por el Reino de las Tres Lunas en busca de la verdad y la justicia, mientras en palacio el malvado Alcestes -cuan personaje shakespeareano- manipulaba la voluntad del rey Olav, y los juglares prisioneros sufrían por el destino de Samir.
Aldo tenía razón: no eran gente vulgar, eran poetas, y eso los hacía diferentes. Por eso no vestían como los demás hombres, ni sentían como los demás hombres, por eso se creyeron distintos alguna vez, y por eso lloraron cuando nadie los miraba y eran mucho más jóvenes, porque se veían fuera de ese mundo que no acababan de entender (página 39). 

El adolescente lector de esta novela podrá identificarse fácilmente con el propio protagonista de la historia: Malkiel, que a punto de cumplir los dieciséis años y heredar el trono, solo siente, asfixiado por el control de su padre, deseos de escapar de palacio, traspasar las murallas de su mundo y buscar las respuestas a las incógnitas que atormentan su interior. Un príncipe rebelde que desobedece imposiciones reales y paternas para lograr hallar la pieza del puzle que le falta para completar su propia historia. 

Antes decía que habrá libros juveniles que no sirvan al adulto: sobre todo, serán aquellos que traten al receptor joven como inferior, creyendo limitadas sus capacidades intelectuales o comprensivas. En este caso, El reino de las Tres Lunas no peca en absoluto de condescendencia, pues deja abiertos muchos espacios para que la imaginación quien se acerque a su lectura complete lo que desee y plantea con madurez la existencia del lado oscuro de las sociedades.

Lo más destacable de la obra es su leitmotiv: la defensa de valores fundamentales para la formación de buenas personas. El tema principal puede decirse que es el poder de la Literatura (desterrada del Reino de las Tres Lunas, proscrita por la amenaza que la verdad contenida en los versos de los poetas supone para los malvados y ambiciosos como Alcestes). Pero más allá de una reivindicación de la función social de artes como la música o la poesía, encontramos en esta amena historia de aventuras la importancia de valores tales como la verdad, la justicia, la amistad, la libertad, la tolerancia y el compromiso de luchar juntos por el respeto de los mismos. Por todo ello, resulta una lectura muy edificante para nuestros adolescentes.

En cuanto a la prosa, es sencilla y fácil de leer, apta para lectores inexpertos. Es muy entretenida y mantiene un perfecto ritmo de principio a fin. La tensión narrativa no se pierde nunca. De hecho, podríamos decir que es una novela muy teatral: la acción se construye a partir del diálogo casi continuo entre los diversos personajes, en una sucesión de escenas en las que la intriga dramática va creciendo durante los veintidós capítulos breves que componen el libro. Los personajes están muy bien caracterizados y definidos personalmente en sus propios gestos y palabras. A los lectores más jóvenes no les costará empatizar con los protagonistas y reconstruir virtualmente la figuración de todos ellos.


Conclusión

Dice Fernando J. López que “escribir sirve para lanzar preguntas”. Estoy de acuerdo. Leer nos enfrenta con esas cuestiones que inquietan al papel. Todo niño al crecer lo hace agobiando con dudas constantes a sus mayores. Luego, convertido en adolescente, las incógnitas suelen atormentar su vulnerable y singular interior. Al fin, llegamos a adultos y osamos caer en la soberbia de pensar que ya conocemos todo cuanto debemos, que los cuentos para niños y jóvenes no tienen nada que aportarnos. Pero ¿quién está acabado, terminado? Todos somos personas en continua construcción. Todos deberíamos ser un poco adolescentes siempre, por nuestro propio bien. El reino de las Tres Lunas es un libro más que recomendable para adolescentes. Si tienen alguno cerca, harán bien en regalarle esta fantástica historia. Anímenlos –anímense- a dejarse interrogar.

5 comentarios:

Marilú CuEnTaLiBrOs dijo...

:) Maravilloso alegato pro-lecturas juveniles, en mi caso a veces las relego sin querer pero cuando me llega una con esas características la disfruto muchísimo. Que recuerde ahora mismo, La evolución de Calpurnia Tate me pareció un libro con mucho sentido pese a ese corte más juvenil. Sin duda, me apunto tu recomendación. Un beso

Ana Parrilla dijo...

Y yo me apunto la tuya ;)
A mí lo de releer clásicos "infantiles" me encanta. La última que releí fue Alicia en el País de las Maravillas. Es fascinante. Lo leí de niña y no le saqué ni la mitad del jugo que le exprimí ahora.

Gracias por la visita y el comentario. Besos.

Locura de lectura dijo...

Encantada de conocerte. Eso de leer clásicos infantiles me ha llegado al alma. Me apasionan los libros en general, pero escribir para un público infantil como es mi caso, hace me empape de este género. Desde hoy tienes una seguidora más. Saludos desde locura de lectura.

mientrasleo dijo...

Un gran alegato.
Yo además me confieso lectora a mi edad, menos de la que aparento :P, de libros infantiles y juveniles. Por puro placer. Sobre todo relecturas que, como bien dices, aportan muchísimo más años después
Besos

Ana Parrilla dijo...

¡Gracias por la visita, chicas! Veo que compartimos afición.

Locura de lectura: no conocía tu blog. Ya tienes una seguidora más. Me encanta eso que me cuentas de que escribes para los peques. Qué hermosa tarea! Yo lo he intentado alguna vez y me cuesta bastante, pero me estoy aficionando, la verdad.

Mientras leo: los lectores (y las lectoras menos aún) no tenemos edad. Nos reciclamos continuamente como las páginas que se leen y se releen... cada día con más jugo.

Besos a todas. Me han encantado vuestros comentarios. Gracias de nuevo, compañeras. ¡Felices lecturas!

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